Cuando exponemos los inicios para el desarrollo y puesta en valor de una marca personal pasamos, como muchos ya sabréis, por una serie de fases.

En primer lugar conciencia propia y conocimiento, y después actitud y acción. El paso de una fase a otra necesita un argumento, una palanca. Esa palanca es el mensaje de marca personal. Sin él, emulando los conceptos del maestro Sun Tzu, serías un guerrero sin armas camino de la batalla.

Nuestro argumento, nuestra palanca, el arma con la que acudir a esa batalla de las relaciones donde mi victoria es el recuerdo positivo y la experiencia causada, es a los demás. Piensa que en un entorno de saturación de ofertas si yo, mi mensaje o mi propuesta no es diferente a las demás, formaré sin remedio parte de ese montón de relaciones iniciadas y olvidadas.

Ese mensaje tiene tres ejes: Seguridad, Coherencia y Diferencia. Su finalidad es convencer y la táctica se fundamenta en las claves de la comunicación personal.

Cuando Philip Crosby creó en los 80 el concepto del Elevator Pitch lo basó en un discurso de presentación sobre un proyecto o emprendimiento, ante potenciales clientes con el objetivo de posicionar nuestra imagen por sobre la empresa y producto.

A partir de él en la formación sobre comunicación personal construimos una historia que habla más o menos de una situación en la que te encuentras en un ascensor con tu jefe, y debes convencerle en lo que dura una subida de 5 pisos de que te considere candidato para un ascenso.

Pero entonces alguien pregunta ¿Cual es la probabilidad de que eso me ocurra a mí? Cero si no la buscas. Así que busca la oportunidad y provoca que ocurra, así de sencilla; actitud y acción.

Para construir nuestro mensaje tenemos que crear un esquema basado en:

  • Quién soy, me defino como persona y como profesional.
  • Qué quiero de esa persona: un empleo, una entrevista, una oportunidad, una recomendación, presentar un contrato.
  • A qué aspiro con este mensaje: a conseguir un éxito juntos, a demostrar el valor de una idea, a que me contrates.
  • Qué puedo aportar, cuál es el valor real que añade a la persona o empresa a la que se dirige. El aporte de valor, de cualificación o de innovación.
  • En qué soy mejor o diferente a los demás. Piensa que en un entorno de saturación de ofertas si yo, mi mensaje o mi propuesta no es diferente a las demás, formaré sin remedio parte de ese montón de relaciones iniciadas y olvidadas.

Vale, ya lo tenemos. Ahora lo repasamos, eliminamos lo superfluo, las repeticiones, las palabras que quedan bien escritas pero suenan mal cuando las pronuncias. Un mensaje limpio, claro, directo y con poder.

Un mensaje con una duración aproximada de 30 segundos, el formato perfecto. No es casualidad, es el mismo que utiliza un spot de televisión o una cuña de radio, donde la publicidad se revela como la mágica máquina de crear grandes historias en espacios muy cortos de tiempo.

Lo decía en una de las últimas charlas sobre búsqueda de empleo organizadas a partir del método Mejora y Gana: si tienes este mensaje eres tú y cuentas lo mejor de ti. Con él puedes pasar ser una persona imbatible.