Tomando unas palabras prestadas las personas innovadoras tenemos una actitud cotidiana al amor hacia los retos. Buscamos la creatividad de forma intencional y planificada. Jugamos a transformar las exigencias del entorno en impulso.

En épocas de crisis parece que se clama a la creatividad como al Dios de la lluvia y aparece por doquier el letrero en luces de neón de: “La necesidad agudiza el ingenio”. ¿Qué tiene de cierto todo esto?

Hay parte de razón en ello pero también en lo contrario. Como en todas las demás “paradojas de la creatividad”, nos encontramos con dos verdades contrapuestas.

  • Es cierto que: en las fases de crisis, cuando “no nos queda otra”, afloran (o hacemos que afloren) recursos creativos inesperados.
  • Y también es cierto que: los momentos de bonanza nos facilitan enormemente desplegar toda nuestra potencialidad creativa.

Las crisis pueden llevarnos al crecimiento o a la ruptura

Puede ser la oportunidad para que, muchos proyectos se vean obligados a salir del “con lo de siempre vamos tirando” y reinventarse. También el detonante para que se vengan abajo.

Pero no nos engañemos, no sólo lo bueno sobrevive. No siempre lo más adaptativo es lo mejor. Aunque un periodo de crisis puede producir una “limpieza” de negocios obsoletos o poco eficaces, muchas veces la supervivencia, desgraciadamente, se decanta más por las capacidades de inversión, promoción o competición que por la excelencia, originalidad o ética del proyecto. Por ejemplo, comercios de grandes multinacionales que tienen capacidad financiera frente a pequeños comercios sin estas posibilidades pero que quizá ofrecieran un mejor o más valioso servicio (o no).

Aunque las crisis tengan cierto poder para ponernos las pilas, también lo tienen para capar nuestros sueños.

Cuando no tengo alimento o un hogar para mi familia, difícilmente podré pensar en otra cosa que no sea conseguir alimento o un hogar para mi familia. Si la amenaza de perder mi empleo me obliga a hacer horas extra sin rechistar, ¿de dónde sacaré tiempo para invertir en mi proceso de creación?

Y lo mismo ocurre en las organizaciones. Si en mi empresa dispongo de menos personal del que necesito ¿de dónde sacamos tiempo para generar ideas? Y peor aún ¿de dónde sacamos tiempo para dedicarnos a un proceso de evaluación, desarrollo e implementación en caso de dar con una idea valiosa?

Muchas empresas se arrepentirán de no tener ya integrados de forma deliberada y habitual procesos de creatividad e innovación. Como nos señala Gary Hamel “El reto es crear organizaciones capaces de renovarse continuamente sin crisis previas que lo justifiquen”.

Pero no todo es tan dramático, nuestro ingenio creativo muchas veces nos sorprende incluso cuando todo parece estar en contra.

El éxito nos puede expandir o dormirnos

No obstante, las épocas de tranquilidad y abundancia nos permiten conectarnos con los deseos más propios, dedicarles los recursos que requieren (tiempo y dinero), permitirnos los fracasos necesarios, observar lo imprevisible, jugar, probar… emplear nuestra energía en crecer.

Todo ello si sabemos superar la tentación de dormirnos en los laureles.

Esta influencia en la creatividad de los entornos favorables, de “las relaciones producidas dentro de un sistema”, la ilustra Mihaly Csikszentmihalyi en “Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención” con varios ejemplos: “Atenas en sus buenos tiempos; las ciudades árabes del siglo X; Florencia en el Renacimiento; Venecia en el siglo XV; París, Londres y Viena en el XIX; Nueva York en el XX”. Todos ellos “prósperos y cosmopolitas”.

También señala Csickszentmihalyi la importancia de distinguir estos “macroentornos” de los “microentornos” que podemos generarnos “aislándonos del mundo”; y apunta que los entornos novedosos y bellos pueden catalizar la creatividad en su fase de intuición y que “las demás fases del proceso creativo -como la de preparación y la evaluación- parecen beneficiarse más de escenarios conocidos y cómodos”.

Robert Sternberg y Todd Lubbart en “La creatividad en una cultura conformista. Un desafío a las masas” también se preguntan si la creatividad precisa de un contexto alzista o bajista y concluyen el tema salomónicamente: “es de ayuda contar con un entorno favorable salpicado de obstáculos en su camino”.

La conciliación

¿Qué tienen en común ambos polos de la paradoja?: Los desafíos.

La creatividad precisa de objetivos. La capacidad para gestionar nuestros fracasos y plantearnos retos es una de las competencias nucleares de la creatividad, como señala Robert Epstein (“El gran libro de los juegos de creatividad”).

Estos desafíos pueden ser:

  • Impuestos: por una situación de apuro o urgencia o por un contexto en desequilibrio; cuando estamos en el brete de “o me reinvento o muero”.
  • Autoimpuestos: por una motivación personal o colectiva; cuando nos proponemos hacer realidad nuestros sueños.

Autor: David Díez Sánchez, director de “Neuronilla – Creatividad e Innovación”.