En tiempos como los presentes, en los cuales recibimos y generamos tanta información para la toma de decisiones y para actuar, es muy fácil caer en el peligro de la dispersión.

Las neurociencias asignan mucha importancia al fenómeno de la atención con estudios recientes que han arrojado interesantes conclusiones.

La palabra atención proviene del latin attedere, que significa “ir hacia”. Por lo tanto, atender es una función mental que nos conecta con el mundo de manera selectiva, construye un bosquejo sobre este mundo e impacta en nuestra experiencia perceptiva y cognitiva.
Daniel Goleman, (famoso autor de La Inteligencia Emocional), en su libro “Focus, el motor de la excelencia” dice que nuestra capacidad de atención determina nuestro desempeño.
Esta capacidad del cerebro contiene diversas operaciones, entre ellas: el razonamiento, la memoria, el aprendizaje, la percepción de nuestros sentimientos y motivos y la comprensión de las emociones de los demás.

La ciencia del conocimiento estudia una amplia variedad de aspectos vinculados con la atención, tales como la concentración enfocada en un punto, la selectividad de la atención y la manera en que la mente dirige la atención hacia adentro (introspección o reflexión humana) para realizar operaciones mentales.

La atención tiene tres direcciones: hacia el interior, hacia los demás o hacia el contexto (lo exterior).

Dice Goleman: “una vida satisfactoria exige destreza en cada una de estas facetas” y nos sorprende afirmando que la habilidad mental de focalizar es pasible de ser mejorada con entrenamiento. Por ejemplo mediante la meditación.
Podemos afirmar entonces, que cuanto más fuerte sea nuestra atención selectiva, tanto más podremos involucrarnos en lo que hacemos.

Esta información nos lleva rápidamente a reflexionar en nuestra vida organizacional, con exigencias de atención sobre temas complejos tanto relativos a la naturaleza del rol gerencial que desempeñamos como de las emociones propias y ajenas que esto promueve. Por lo tanto, es sencillo concluir que una gestión gerencial efectiva necesita de tres tipos de atención: la atención que está en sintonía con la intuición, con lo que sentimos y con nuestros valores para arribar a las decisiones más asertivas.
La atención en los demás, porque nos facilita ¨conocer¨ al otro y comprender mejor sus acciones y motivaciones. Y la atención hacia el exterior, porque es indispensable para transitar por la realidad.
“Un líder desconectado de su mundo interior no maneja el timón de su vida. El que está ciego al mundo de los demás está perdido. El indiferente a los sistemas más amplios en los que opera, es vulnerable”, afirma Goleman.
Si disfrutamos de lo que hacemos alinearemos nuestra atención con lo que es fuente de nuestro disfrute. Los líderes que son altamente efectivos, son aquellos que se apasionan con su trabajo y ponen en juego estas tres direcciones de la atención de una manera natural. La motivación hace fluir y guía nuestra atención.

Peligros de la distracción o de la dispersión.
Lamentablemente, en la vida cotidiana las personas no suelen hacer lo que les da placer y por tanto se sienten aburridas o estresadas. Así, su atención se dispersa y consecuentemente también se empobrece la calidad de su vida, de su mundo interior y de su relación con los demás.

La mente errante podría ser uno de los motivos de pérdida de la atención en el trabajo.

Uno de los peligros de la distracción, tiene que ver con las situaciones cotidianas de dependencia con la tecnología. Mails, redes sociales, mensajes telefónicos, blogs, chats son un ruido que obliga a esforzarse por mantener foco o concentración cuando se está desarrollando una tarea. ¿Difícil? Sí, pero no imposible.

Al igual que la fatiga física, la fatiga mental tiene remedio: el descanso. Y la forma de descanso mental es desconectarse y disminuir la actividad mental hacia un estado más relajado.

En ese caso, una caminata por un lugar arbolado y tranquilo, encontrarnos con un ser querido con quien podamos tener una buena conversación o simplemente reírnos, será suficiente para recomponernos. “La sutil agitación que provoca una percepción agradable orienta nuestra atención aun antes de que podamos expresar la decisión con palabras” (D. Goleman)
El otro peligro de la distracción es anular alguna de las tres direcciones que tiene nuestra atención; por ejemplo, la atención relacionada con los demás.

Vemos permanentemente parejas sentadas una frente al otro, sin hablarse y concentradas en sus teléfonos, o gerentes que interrumpen una conversación laboral importante con un colaborador por mirar el mail que entró en su teléfono. Chateamos largo tiempo con un amigo en una red social pero no invertimos tiempo para encontrarnos personalmente o bien hablar por teléfono. Esto no solo va mutilando nuestras habilidades sociales, sino que también nos empuja hacia la vulnerabilidad del fenómeno de las adicciones.

El neurólogo argentino Facundo Manes ha escrito recientemente un artículo en el cual describe a la adicción ya no como una debilidad moral o una falta de fuerza de voluntad, sino como una enfermedad crónica con cambios cerebrales específicos. Así como la enfermedad cardíaca afecta el corazón y la hepatitis el hígado, la adicción afecta el cerebro, lo secuestra. De hecho la palabra “adicción” deriva del latín “esclavizado por” y se manifiesta en el anhelo por el objeto del que se es adicto, la pérdida de control sobre su uso y la necesidad imperiosa de continuar así a pesar de las consecuencias adversas que eso conlleva”.

Escrito por Susana Larese