Tan prioritario como asegurar que la empresa gestiona el cambio con sentido de oportunidad, y garantiza su eficiencia operacional ante cualquier escenario de negocios; es el imperativo estratégico de apostar por la atracción y fidelización del talento que la organización precisa, para satisfacer sus objetivos operacionales, financieros y de mercado.

En entornos empresariales tradicionales cuya neta orientación a alcanzar ciertos objetivos operacionales y favorables resultados financieros es evidente, no se acepta aún, que más importante que el Capital, es la capacidad de atracción y fidelización del Talento, que la organización centrada en el desarrollo y bienestar de las personas logra desplegar como elemento clave de diferenciación, para acceder a una importante, y en ocasiones, decisiva ventaja competitiva.

Ignorar que toda empresa ha de disponer con solución de continuidad del talento que esta precisa para ser factor relevante en un entorno empresarial signado por el cambio incesante y la generación exponencial de nuevo conocimiento, equivale a decretar su paulatina debacle, e inevitable desaparición posterior.

 

En estas empresas, el rol diferenciador de atraer y preservar a los talentos singulares, parece haber sido subestimado, cuando más bien se perfeccionan las actividades inherentes al proceso de selección o atracción de personas, el cual se desarrolla una y otra vez en forma recurrente, para incorporar a la empresa, a personas que sin ser quizás, los talentos que la empresa necesita, no tienen claras posibilidades de crecimiento y desarrollo; ni perspectivas de sentirse implicados a la tarea; ni están comprometidos a la empresa; ni logran construir una buena identificación con sus líderes, si consideramos una perspectiva de largo plazo.